Conocer Nautilus fue una experiencia mágica. Me sentí dentro de un cuento de hadas. El proyecto me fascinó pues encontré mucho más que lo esperado: integración de la naturaleza viva con los diferentes espacios, uso de materiales como piedra, tierra, madera, arcilla; formas curvas que sugieren infinitud, paz, espiritualidad. El anfitrión, Juan Pablo, es muy sensible, inteligente, acogedor, sumamente creativo, un verdadero artista.
Recomiendo visitar Nautilus.