¡Una experiencia encantadora con mi familia! Aprendimos mucho y fue una experiencia íntima. También es genial poder comprar pisco. Estaba bien organizado, pudimos hacer tartar, un cóctel y ceviche. Todo estaba fresco.
Lo único que hay que tener en cuenta es que no nos dimos cuenta de que la clase estaría en un lugar diferente al punto de encuentro. Teníamos que conducir unos 15 minutos hasta otro barrio y la clase se daba en su casa, algo a tener en cuenta, ya que luego tuvimos que buscar nuestro propio transporte desde San Isidro a Miraflores y terminamos caminando de regreso.