Una experiencia muy bonita junto a un guía apasionado, generoso y atento. Desde el principio, nos hizo sentir cómodos al recogernos en coche y al inmortalizar el día con algunas fotos. Nos hizo descubrir sus lugares favoritos, entre la cocina coreana popular y la cafetería local asequible, adaptando la salida a nuestros deseos. El paseo en bicicleta a lo largo del río Han sigue siendo un momento destacado, a la vez tranquilo y típicamente local. Lo que más me gustó fue la forma en que nos abrió puertas que nunca habríamos cruzado solos: un mercado tradicional, el alquiler de bicicletas... todo ello acompañado de explicaciones históricas y su punto de vista personal sobre la ciudad. ¡Una inmersión auténtica y enriquecedora, lejos de los circuitos clásicos!