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    Una pareja de nómadas ofrece minicasas para que los huéspedes se reconecten con la naturaleza

    Estos mochileros se convirtieron en Superanfitriones y ahora ayudan a sus huéspedes a disfrutar del lujo minimalista.
    Por Airbnb el 18 de feb de 2021
    Lectura de 5 min
    Actualizado el 28 de abr de 2021

    Destacados

    • Estos dos viajeros implacables encontraron la felicidad en la casa rodante con la que recorrieron el mundo.

    • Empezaron a recibir huéspedes en una minicasa para demostrarles que menos es más.

    • Ahora son SuperAnfitriones y dicen que hospedar les gusta aún más que viajar

    Erle y Jeremy, dos mochileros trotamundos, nunca pensaron que volverían a verse. Se conocieron en Tailandia en 2012, pero perdieron el contacto y estuvieron años sin saber nada el uno del otro. El destino quiso que volvieran a cruzarse en Sídney en 2016, y entonces el flechazo fue inmediato. En cuestión de semanas, estaban recorriendo juntos el interior de Australia en una furgoneta camperizada.

    Durante el viaje, empezaron a idear un plan para volver a Noruega, donde Erle pasó su infancia. Ambos habían estudiado Economía, pero sabían que el típico trabajo de oficina les aburriría. En sus aventuras por el mundo se habían quedado en varios alojamientos en Airbnb, y empezaron a pensar que serían buenos anfitriones y que Noruega les ofrecía un entorno idílico para probar suerte.

    Impulsados por su pasión por los viajes, el minimalismo y la ecología, pensaron que hospedar en una minicasa les permitiría transmitir la importante lección que habían aprendido después recorrer el mundo durante años solo con una mochila: “No necesitas muchas cosas para ser feliz”.

    Lo que no sabían es que ser anfitriones se convertiría en lo único que les gusta más que viajar.

    Un sueño hecho realidad

    Erle y Jeremy, que crecieron en Bélgica, encontraron el lugar de sus sueños pocos días después de llegar a Noruega: una cabaña diminuta a 20 minutos de Oslo. Estaba en tan mal estado que a nadie le interesaba comprarla, pero el precio era bueno y sus vistas sobre el delta del río terminaron de conquistarlos, e imaginaron que los huéspedes también se enamorarían de ellas.

    Su idea era construir un espacio que no tuviera nada que ver con lo que ya existía en la zona. “Como también somos viajeros, queríamos crear un lugar único, sorprendente e inolvidable para los huéspedes”, explica Erle. “Gracias a Airbnb, cualquiera con un poco de creatividad que quiera ofrecer experiencias inolvidables a otras personas puede ser anfitrión. ¡Es una maravilla!"

    “Como también somos viajeros, queríamos crear un lugar único, sorprendente e inolvidable para los huéspedes.”
    Erle, Airbnb Superhost,
    Noruega

    Se mudaron a la cabaña y dedicaron un año a planear y a conseguir los permisos necesarios para derrumbarla y construir una minicasa en su lugar. No tenían ninguna experiencia en este tipo de obras, pero eso no los detuvo.

    Grandes ideas con poco presupuesto

    Como buenos mochileros, Erle y Jeremy sabían cómo vivir con lo justo y necesario. Para ahorrar, trabajaron a tiempo parcial como tripulantes en un barco en el río que hay cerca de su minicasa, hicieron la mayor parte de la obra ellos mismos y mientras la terminaban vivieron acampados en la propiedad. Cocinaban y se bañaban al aire libre, y Erle hasta construyó jardineras para cultivar parte de su comida.

    “Estábamos preparados para poner todos nuestros esfuerzos en esto, todo nuestro dinero, todo”, dice Erle. Tardaron un año en construir la WonderINN Mirrored Glass Cabin, una minicasa con paredes de espejo que, según dice, hace que todo el mundo “se pregunte siempre qué hay detrás del cristal”.

    Como la planeación nunca fue lo suyo, se dejaron guiar por su instinto. “Encontramos varios alojamientos únicos e increíbles que nos sirvieron de inspiración”, explica Erle. “Saber qué ofrecen otras personas siempre ayuda, ya que se les pueden haber ocurrido cosas que que nosotros ni hubiéramos considerado. Además, buscar en Airbnb nos sirvió para darnos ideas y para saber qué ofrecen otros anfitriones”.

    Eligieron un estilo sencillo y moderno al que agregaron pequeños detalles que reflejan sus personalidades. Por ejemplo, la pequeño cuarto de visitas que construyeron en la casa principal está basado en la etiqueta con forma de catedral de la cerveza belga favorita de Jeremy. Fueron aprendiendo sobre la marcha y disfrutaron cada paso.

    Expertos en el arte de hospedar

    En cuanto terminaron de construir y amueblar la minicasa, la anunciaron en Airbnb. Las reservaciones llegaron rápido y, en pocos meses, tenían el calendario lleno con varias semanas de anticipación. Además, se dieron cuenta de que les encantaba ser anfitriones. En su perfil escribieron: “Solo hay una cosa que nos gusta más que viajar, y es hospedar”.

    “Solo hay una cosa que nos gusta más que viajar, y es hospedar”.
    Erle, Airbnb Superhost,
    Noruega

    La calificación promedio de 4.96 confirma las magníficas evaluaciones, en las que los huéspedes describen la minicasa como un espacio “lleno de encanto” y “realmente mágico” con “unas vistas impresionantes” y “hongos y frutos del bosque en los alrededores”. Un viajero escribió: “Se me salieron las lágrimas de emoción cuando la vi.”

    A Erle y Jeremy les encanta desvivirse por sus huéspedes y, sobre todo, mostrarles que se puede vivir bien con muy poco. Ese es uno de los motivos por los que decidieron gastar algo más de dinero en el cristal con efecto espejo. Desde dentro, las paredes acristaladas permiten admirar el río, mientras que desde fuera reflejan el bosque y el cielo.

    “A los huéspedes les encanta y es una manera increíble de demostrarles que no necesitan nada más en la vida”, dice Erle. “Me preocupa mucho el medio ambiente, así que esta idea de que no hace falta tener muchas cosas está muy en línea con mis valores. Desprenderte de lo superfluo te permite concentrarte en lo que de verdad importa”.

    Un futuro brillante... y diminuto

    Erle y Jeremy, que ahora viven en un departamento a unos 20 minutos de distancia, dicen que invirtieron cerca de 175 000 USD en su minicasa y que lo recuperaron en menos de dos años como anfitriones.

    De hecho, les ha ido tan bien en términos económicos y personales que ya construyeron dos minicasas similares en un terreno cercano: Cabin Boho y Cabin Kønn.

    Ahora, Erle y Jeremy están pensando en ofrecer experiencias en Airbnb con las que sus huéspedes puedan volver a conectar con la naturaleza interactuando con animales y recorriendo el río en barco, entre otras actividades. “Contemplar el delta es todo un espectáculo”, escriben en la descripción de su anuncio. “No es raro ver martines pescadores, gavilanes pescadores, alces ¡y hasta águilas!”

    Aunque esperan seguir guiándose por su instinto, a Erle y Jeremy les gustaría recibir huéspedes en más minicasas en los próximos años. Todavía no saben si volverán a su vida nómada o si es ya cosa del pasado. Por ahora, están tan enamorados de sus minicasas que no pueden pensar en nada más.

    “En un principio, mi idea era poner esto en marcha y volver a viajar con el dinero que ganáramos”, explica Erle. “Pero ahora estamos aquí todo el tiempo para asegurarnos de que todo esté perfecto. Estas minicasas son como nuestros bebés, así que nos cuesta alejarnos de ellas”.

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    • Estos dos viajeros implacables encontraron la felicidad en la casa rodante con la que recorrieron el mundo.

    • Empezaron a recibir huéspedes en una minicasa para demostrarles que menos es más.

    • Ahora son SuperAnfitriones y dicen que hospedar les gusta aún más que viajar

    Airbnb
    18 de feb de 2021
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